martes, 1 de octubre de 2013

Edipo, tu vida se pone movida...

          Desde Sófocles a nuestros días han pasado muchísimos siglos, pero Edipo no ha dejado de despertar la conmiseración de quienes lo reconocen como paradigma de la fragilidad del ser humano y de la imposibilidad de resistirse al destino, y únicamente el talento de  Les Luthiers, casualmente en escena estos días en Madrid, es capaz de despertar alguna sonrisa ante la tremenda historia del niño al que atravesaron los pies para conducirlo a la muerte.


Edipo y Yocasta escuchan al mensajero de Corinto

         Dos son las tragedias conservadas de Sófocles que lo tienen por protagonista: Edipo Rey y Edipo en Colono. La primera es, tal vez, la tragedia perfecta y el más temprano ejemplo de investigación detectivesca, con resultado terrible, pues quien busca a un asesino resulta ser el propio asesino.

         La madre de Edipo es Yocasta, y su padre Layo, rey de Tebas. Un oráculo había predicho a éste que si engendraba un hijo moriría a sus manos, de manera que cuando nació Edipo ordenó exponerlo para evitar que se cumpliera la funesta maldición. Pero el pastor encargado del cruel encargo se apiadó del recién nacido y se lo entregó a otro pastor, quien, a su vez, se lo dio a Pólibo, rey de Corinto. Allí lo criaron Pólibo y Mérope sin revelarle que era un hijo adoptado. Pasados unos años, en el transcurso de una disputa con otros jóvenes, se suscitan dudas en Edipo sobre su identidad y, ante las respuestas evasivas de Pólibo, acude a consultar al oráculo de Delfos sobre quiénes son sus verdaderos padres. La Pitia le revela únicamente que matará a su padre, se casará con su madre y sobre sus descendientes recaerá la desgracia. Edipo piensa, ante las palabras de la Pitia, que Pólibo es su padre y decide no regresar a Corinto tratando de huir de su destino. De camino a Tebas, se encuentra con Layo. En el trascurso de una discusión, mata al desconocido sin saber que se ha cumplido la primera parte del oráculo.
        Al llegar a Tebas encuentra una ciudad de luto: un monstruo alado, mitad mujer y mitad león, la Esfinge, planteaba enigmas a los viajeros y devoraba a los que no sabían resolverlos. Edipo responde con acierto a la pregunta y el monstruo se precipita desde lo alto de su roca. La ciudad, agradecida, concede a Edipo la mano de Yocasta, la reina que acaba de quedar viuda y el trono de Tebas. La segunda parte del oráculo se ha cumplido también. De esta unión nacen cuatro hijos: Etéocles, Polinices, Antígona e Ismene.


Edipo y la Esfinge

       Pasan los años y una peste se abate sobre la ciudad de Tebas. Creonte, hermano de Yocasta, es enviado a Delfos para preguntar a la Pitia cómo pueden librarse de la terrible enfermedad, y ella responde que mediante el castigo del asesino de Layo. Edipo consulta al adivino Tiresias y descubre, poco a poco, horrorizado que el asesino que busca es él mismo, y que se ha casado con su madre. Yocasta se suicida al darse cuenta de la verdad y Edipo se ciega con los broches que sujetaban el vestido de su madre, abandonando Tebas para vivir como desterrado con la única compañía de su hija Antígona.
       Tras un largo peregrinaje, Edipo llega a Colono, una aldea del Ática, donde es bien acogido por el rey Teseo. En un bosque sagrado de Colono, Edipo muere tras negarse a volver a Tebas, donde Creonte y Polinices intentan llevarle tras conocer un oráculo según el cual los dioses bendecirían la tierra que acogiera las cenizas de Edipo.

       Nuevas desgracias se abatirán sobre los descendientes de Edipo y otros miembros de su familia, los Labdácidas, y las conocemos por otras tragedias: Etéocles y Polinices se darán muerte uno a otro luchando por el trono de Tebas (Los Siete contra Tebas de Esquilo y Las Fenicias de Eurípides); Antígona se verá forzada al suicidio por desobedecer la orden de Creonte, el nuevo rey de la ciudad, y enterrar el cadáver de Polinices (Antígona, de Sófocles); Hemón, hijo de Creonte, se suicidirá al conocer la muerte de Antígona, su prometida, y Eurídice, la esposa de Creonte, se quitará la vida desesperada por la muerte de su hijo.

Antígona ante Creonte


      Ni siquiera Ismene acabó con bien: fue asesinada por Tideo cuando se encontraba fuera de la ciudad en compañía del joven tebano al que amaba, Teoclímeno.

      Una familia extinguida a causa de una culpa hereditaria: la de Layo al matar al joven Crisipo, violando los sagrados lazos de hospitalidad que le unían a Pélope, padre del muchacho.






No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada